Hace ya tiempo un colega me hablaba sobre que, a la hora de estudiar la mortalidad, hay estudios que indican algo que uno puede pensar que es una perogrullada, pero que, cuando se demuestra científicamente, te da qué pensar: el código postal puede pesar más que el genético (tanto estudiarlo e intentar descifrarlo… ahora va a resultar que hay otras variables que no hay que pasar por alto…). Y este hecho es especialmente importante en nuestro campo, ya que las familias más desfavorecidas se encuentran en el trabajo cotidiano en Servicios Sociales.     Yo siempre he sido un firme defensor del Trabajo Social de Zona, dentro de un territorio (aunque ahora con el tema de la movilidad y de las TIC tenga mis dudas), y por ello, creo que es necesario conocer las variables que existen dentro del mismo. Las buenas, y las malas.

      Por indicación de este colega, tuve la suerte de tropezar con el magnífico blog de Javier Segura, médico salubrista, que en esta post describe claramente la existencia de una linea de pobreza en el caso de Madrid, histórica, que tambien – casualidades de la vida- coincide con una linea en indicadores de salud: es decir: «dime donde vives y te diré cuándo mueres», así, a bocajarro.
Imagen del estudio.

En un artículo de Rafa Cofiño que os enlazo >>AQUI, se desgranan dos estudios que llevan a  dos conclusiones durísimas:

    • Haber crecido en un ambiente desfavorecido afecta a la escala social a la que llegarás.

 

  • Haber crecido en un ambiente desfavorecido deja huella en tu patrón genético.

 

                      ¿Duro, eh?

      Esto no significa que la infancia que día a día atendemos esté predestinada por pertenecer sus familias, a un futuro dificil, por supuesto: todos conocemos cientos de casos de chavales/as que han crecido en las más graves condiciones y que han podido construir un futuro mucho mejor que el que cabía esperar.

Además, una de las cosas que uno saca de este trabajo, es que estamos continuamente relacionándonos con personas que son unas auténticas luchadoras: sobreviven y salen de donde muchos de nosotros no seríamos capaces.

      Uno puede ponerse negativo y pensar que «todo está escrito», pero no es mi objetivo, ni el de tales investigadores: hay que mirarlo al revés: tenemos, una y otra vez, que ser tozudos: hay que invertir más en quien menos tiene. De igual forma, creo que, después de la lectura de ambos estudios, tenemos que esforzarnos como profesionales en ser innovadores, en acercar al máximo los recursos y en ofrecer una relación y un espacio motivador. Y, por supuesto, en defender los derechos de quienes menos tienen, porque, algo podremos hacer para contrarrestar esa «herencia», ¿no?

Dice una cancion de Silvio que «tener no es signo de malvado y no tener tampoco es prueba de que acompañe la virtud, pero el que sale bien parado en procurarse lo que anhela no tiene que invertir salud» aparece en una canción que se llama «Cancion de Navidad», que ya se acerca… os la recomiendo.

Un saludo. Animo
Nacho

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CUANDO EL CODIGO POSTAL PESA MÁS QUE EL GENÉTICO

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