Tengo la impresión de que en nuestra profesión, eminentemente práctica, entramos con cierta frecuencia en un bucle dialéctico entre técnica y modelo o modelo y técnica. Y es que el debate entre la necesidad de un cuerpo teórico para la praxis en una profesión en el que el cuerpo teórico principalmente proviene de la sistematización de la práctica, me recuerda a lo del huevo o la gallina. No le encuentro salida.

Me considero un pragmático. Lo reconozco. Pero a riesgo de parecer superficial, o quizá aprendiz de brujo, considero que centrarse en el campo de las técnicas no debe tacharse de carente de objetivos o de reflexión previa, aunque pueda parecerlo. Como señala Belén Navarro, separar técnica y paradigma ES IMPOSIBLE: use la que se use, toda técnica sirve a un marco concreto, sea de manera consciente o inconsciente (para quien no haya reflexionado en ello, claro).

Por ejemplo -y no quiero que se entiendan como incompatibles-  usar la entrevista únicamente sirve a un modelo muy concreto de relación (y paradigma), y hacer grupos, a otro. Respecto a esto último, hacer grupos con personas pertenecientes a perfiles heterogéneos, de carácter informativo, sensibilizador, etc.  (en mi opinión idóneos para el marco actual de Atención Social Primaria) lleva aparejado un modelo, mientras que usar aquellos de tipo socio-terapéutico (con un perfil homogéneo de participantes), otro distinto, con pros y contras en ambos casos. Incluso la mera observación ya supone una intervención, como diría Heisenberg  (principio de incertidumbre) ya que la medición acaba perturbada por el mismo mecanismo de observación. En resumen; no hay técnica neutra ni inocua.

Teoría y praxis no pueden separarse: así de simple, y menos en Trabajo Social. Sin embargo, creo que adolecemos especialmente de sistematización de la práctica, lo cual creo que en el desarrollo de la profesión a veces nos hace navegar en discusiones vacías sobre modelos teóricos alejados de lo realmente abarcable. Es como si un congreso de desarrollo urbanístico se centrase en el concepto de ciudad sin exponer ejemplos de edificios, planificaciones o avenidas. De hecho, he asistido a diversos cursos y debates epistemológicos  de escaso impacto dado que han sido carentes de técnicas y modos organizativos concretos.

Tal y como yo lo entiendo, las técnicas son un medio, pero terminan construyendo el objeto del propio sistema, al igual que el lenguaje (inclusivo o no) transmite nuestras ideologías y creencias mientras, simultáneamente, estructura nuestra nuestra forma de pensar y por lo tanto, de trabajar, relacionarnos o vivir: en Servicios Sociales la aplicación de unas u otras técnicas transmiten el modo con el que, en este caso, la Administración se relaciona con la ciudadanía más vulnerable a la vez que contribuyen a construir una metodología y al final un modelo. Es necesario tenerlo en cuenta.

Una última puntada y sin ánimo de ser cansino: no deja de sorprenderme que, a pesar de quejamos amargamente del efecto que ha tenido la presión asistencial y el ansia por la resolución inmediata de la demanda sobre el ejercicio profesional, no se cuestione el uso indiscriminado de la entrevista, mientras que para montar grupos parece necesaria una justificación propia de una tesis doctoral, y, cómo no, siempre sobrevuela la sospecha de que su ejecución esté vinculada a aliviar la espera (primera causa de las quejas ciudadanas), como si el uso masivo de la entrevista presencial no afectase sobre ella de manera injustificada (porque hay muchas citas que podrían resolverse de maneras alternativas), y, por supuesto, sin plantearse que la misma puede tener un efecto iatrogeánico sobre personas y familias. La entrevista es necesaria, fundamental en el ejercicio del Trabajo Social en Servicios Sociales pero también es incuestionable que el despacho es un lugar donde la relación es mucho más asimétrica que en otros contextos y que si bien pretende emplearse para la relación de ayuda, no es menos cierto decir que contribuye a reforzar el odiado binomio necesidad-recurso (pedir&dar), es decir: afecta a la esencia del propio Sistema. El caso es que termina siendo la única técnica “obligatoria” en las agendas de Servicios Sociales de manera general ¿casualidad? No creo.

Avancemos, en la construcción de la profesión y de los Servicios Sociales.

Venga, ánimo. Seguro que es posible.

Nacho

Os dejo con One.  U2 y Mary J Blige.

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EL HUEVO O LA GALLINA

Un pensamiento en “EL HUEVO O LA GALLINA

  • 30/05/2017 a las 08:38
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    Hola, Nacho, en primer lugar enhorabuena por tu valentía al lanzarte a la piscina en un tema que es controvertido. Hay partes de tu entrada que comparto y otras en las que discrepo. Te lanzo algunas ideas para el debate:

    Coincido plenamente en que es necesaria la sistematización de la praxis profesional y que hay que bajar del terreno de lo epistemológico a lo operativo. En este sentido hay gente que está trabajando en ello, afortunadamente, como por ejemplo Cardona y Campos, a quienes he citado varias veces en mi blog.

    Verás, yo no comparto que “usar la entrevista únicamente sirve a un modelo muy concreto de relación (y paradigma), y hacer grupos, a otro”. Pongamos por caso el modelo sistémico en cualquiera de sus vertientes: el hecho de que se prime la entrevista individual no está para nada reñido con los otros niveles del trabajo social, es más, la pata del modelo que pone el acento en las redes de apoyo social pone asimismo el énfasis en el trabajo comunitario. Una cosa son los modelos, otra las técnicas y otra los estilos profesionales. Un modelo conductual también puede pitar en grupo, por ejemplo, el modelo transteórico es un modelo que funciona muy bien (y mayoritariamente) con grupos en lo relativo a adicciones.

    Por otra parte, opino que el despacho, la calle, la casa, no son contextos sino escenarios, y la elección de uno o de otro dependerá del contexto de intervención (en aquellas personas que trabajamos desde esta perspectiva) o, por decirlo llanamente, del objetivo que vayamos a trabajar: Puede que busquemos la asimetría o puede que no, incluso, rizando el rizo, una visita a domicilio puede ser vista como un ejercicio de “control” ¿Esto quiere decir que la visita a domicilio sea mala? No. Ni el despacho tampoco. No comparto que sea incuestionable que la relación sea asimétrica siempre. Lo que trato de explicar es que son cuestiones a determinar por la profesional dependiendo del caso y que deben ser cuestiones reflexionadas para cada ocasión, intencionales y no susceptibles de “recetas”.

    Por lo demás, entiendo lo que planteas en cuanto a las sospechas sobre el grupo. Habrá que trabajar en ello y tenemos a Teresa Zamanillo, que de eso sabe un montón. Habrá que releerla y habrá que pensar sobre ello.

    Ánimo para tí también. Besotes.

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