En los últimos 15 días, he escuchado la pregunta que cualquier colega odia que se le haga, pero no de una ni dos, sino de tres formas diferentes, así que he pensado que quizá estaba llamado a escribir esta entrada. Os pongo en las tres situaciones.

1.- Estamos en la cocina, recogiendo tras la cena… y mi hijo de 7 años, (esa tarde yo había participado en una reunión de colegas trabajadores/as sociales), me dice » sí, vosotros no queréis que haya pobres, pero si no los hubiera, no tendríais trabajo» (oigo risas por parte de su madre desde el salón, claro).
 
2.- El otro día, en un grupo con perceptores de RMI, hablando sobre cómo se sentían ante la administración: » no me puedes tratar así, porque si yo no estuviera aquí, tú tampoco estarías ahí» (en un rolle-playing).
 
3.- Y hoy, la que me faltaba. En el despacho, me han hecho la fatídica pregunta. Esta vez cara a cara: aquella que cualquier trabajador/a social teme, ante una demanda de una ayuda… ¿y tú, entonces, para qué estás?
 
Y el caso es que por mucho que intento tener la respuesta preparada, creo que no suelo convencer demasiado (aprovecho que algún usuario/a lee…) uff… es complicado explicarlo. Pero usaré la metáfora sanitaria: parece que siempre que va uno al médico, tiene que salir con una receta en la mano: es la constatación de que «has ganado»: «has sacado algo». Estoy seguro de que, si saliésemos sin una de ellas, nos volveríamos a casa enfadados, pensando que hemos perdido el tiempo. Con frecuencia no vamos al médico a que nos diga lo que tenemos, sino a confirmar nuestras teorías, y, claro, a por «una receta» (nosotros, tan profesionales, también lo hacemos cuando somos «un vecino/a más»).
 
Usando el mismo ejemplo, ahora que hay tantos estudios que critican la sobremedicación en sociedades como la nuestra, hay que reconocer que nosotros también hemos participado en esto de «sobre-recetar», e incluso hemos puesto «packs» de ayudas y hemos hecho aquello que criticábamos cuando estudiábamos aquello del «binomio necesidad-recurso», que venía a ser eso: ser cajeros expendedores.
 
Y también es cierto que las expectativas que hay a veces sobre nosotros/as no se ajustan demasiado a nuestras posibilidades: no es fácil transmitir que nuestro papel, de ayuda, de profesional de referencia, no es conseguir siempre que la persona «salga del despacho» con algo (y tangible mucho menos). Y además, en muchas ocasiones, lo que la persona saca del despacho es aún peor: una «lista de tareas para hacer» – como si fuésemos a por la receta y nos indicasen una lista de hábitos para cuidar nuestra salud ¡ HORROR! -insisto con el ejemplo-.
 
Bien, creo que eso sólo es posible cambiarlo con muuucho tiempo, muuuucho acompañamiento y estabilidad en el tiempo: el valor del profesional de referencia debe ser el de un «consejero» (en el buen sentido, no esos que se llevan la pasta y ni van a las reuniones, jeje). La construcción de esa figura depende, en gran parte, de nosotros/as: de saber establecer relaciones de eso: de acompañamiento. Fundamental ¿sabremos hacerlo?.
 
Ánimo
 
Nacho
 
     Mi recomendación musical para esta entrada: Live and let die, de Paul Mc Cartney, pero interpretada por Gun´s Roses. Es buenísima.

 

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OTRA VEZ LA FATÍDICA PREGUNTA

2 thoughts on “OTRA VEZ LA FATÍDICA PREGUNTA

  • 18/06/2013 a las 08:32
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    El papel que debemos adoptar es de CONDUCTOR, con un mapa de ruta bien definido donde los usuarios nos ayuden también a guiarlos hacia un cambio queriendo, sabiendo y pudiendo, fomentando así la participación, la autodeterminación y la autogestión (al lado de las personas), para que finalmente sean ellos sus propios conductores de vida. No me gusta que se use continuamente el símil con el ámbito sanitario, construyamos nosotros nuestros propio vocabulario, nuestras propias herramientas, hagamos de nuestra profesión algo único y visible. Un saludo.

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    • 18/06/2013 a las 08:36
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      Sí, coincido contigo en lo del papel. Pero explicarlo no es fácil.

      En lo de usar el simil sanitario, creo que comparándose con el «hermano mayor», se nos entiende mejor, especialmente el profano, que sí es usuario del sistema sanitario, pero no del nuestro. Además, estoy convencido de que hay muchas similitudes.
      Un saludo, y gracias por comentar!

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