Evidentemente, es necesario distinguir disciplina (Trabajo Social) del Sector (Servicios Sociales): para ello, al igual que hacía él, recomiendo la entrada de Belén Navarro: 5 diferencias entre el Trabajo Social y los Servicios Sociales. Sin embargo, me gustaría compartir las reflexiones que me ha suscitado leer la entrada.

En primer lugar, en el título. Isra, como todo/a comunicador/a,  arriesga con un título provocador: el oficio bloguero es lo que tiene (en mi anterior entrada hice clickbait, (ciberanzuelo) mejor que me callo). Así lo entiendo, ya que, con el mensaje, en bruto, discrepo de partida: desde los Servicios Sociales se hace un gran Trabajo Social (al margen de que existan buenos/as y malos/as profesionales, claro, ¿dónde no?).

En cuanto a que “el Trabajo Social es mucho más que los Servicios Sociales” Bueno, quizá “mucho más”… Igual depende de quien opine: como apasionado del oficio, lo entiendo, pero creo que si preguntamos a la ciudadanía, diría que lo que le facilita servicios y derechos no es la profesión, sino la respuesta generada por los poderes públicos, que son quienes deben modelar las prestaciones económicas, materiales… y técnicas (osea, profesionales). Lo que sí tengo claro es que la disciplina va más allá de lo que realiza en particular dentro de ese Sistema. De hecho, una de las mejores experiencias de mi paso por la Junta de Gobierno del Colegio de Trabajadores/as Sociales de Madrid ha sido conocer el trabajo que desempeñan las y los colegas de salud, educación, justicia, tercer sector, etc., aunque el Trabajo Social siga siendo la profesión mayoritaria en los Servicios Sociales (por encima de de otras como la Educación Social o la Psicología, también presentes).

Coincido en que en la mirada histórica encontraríamos las explicaciones de tal confusión: como disciplina, fue la más implicada en la creación de los Servicios Sociales (también se encontraba en mejor posición para ello): así, cuando la sociedad y sus poderes públicos decidieron impulsar los Servicios Sociales, la profesión se volcó masivamente en ello, colocando colegas en todas sus ramificaciones (igual hasta habrá quien pensará precisamente al revés: que el Trabajo Social – o su omnipresencia en algunos casos- ha perjudicado a los Servicios Sociales, ojo).

Sin embargo, haciendo el paralelismo, dudo de si alguien se atrevería a decir que el Sistema Sanitario ha sido el mal para la medicina o la enfermería o moriría en el intento. Es más, tampoco sabemos qué hubiese sido del Trabajo Social si no se hubiesen desarrollado los Servicios Sociales. Igual no existiría o sería residual, ¿quién sabe? . En cualquier caso, las sociedad decidió crear, desarrollar y consolidar sus sistemas de protección, también según las posibilidades y riesgos asumidos: el crecimiento de los Servicios Sociales eclipsó en cierto modo a la disciplina, pero hay que reconocer el protagonismo de ésta en el impulso de los derechos sociales de la ciudadanía, aunque quedase vinculada de manera determinante la trayectoria de la profesión a la del Sistema de Servicios Sociales. Aún así, son entes de diversa naturaleza: debemos evitar confusiones que también generan cierta crisis de identidad profesional dentro de quienes curramos en el propio Sistema de Servicios Sociales.

Por supuesto, los sistemas de previsión empresarial y mutualidades (dentro del cual se empleó a un número amplio de TTSS) sufrieron un retroceso por el avance de los derechos sociales, pero no por el del Sector “Servicios Sociales” especialmente, sino por el de la Seguridad Social, principalmente, así como el sanitario y la mejora de ciertas condiciones que crearon una razonable masa de clase media con ciertas coberturas. No hay que olvidar que esos sistemas de previsión originarios (en empresas controladas por el Estado) estuvieron realmente diseñados para evitar el conflicto interno que pudiera desencadenar el malestar producido por las condiciones laborales y sociales de un país en pleno desarrollismo (años 60) bajo un régimen dictatorial (boom de la emigración interior, unidades vecinales de absorción, natalidad, etc).

Comparto que en cierto modo los Servicios Sociales fagocitaron a la disciplina produciendo dificultades en otros desarrollos o a aquellos/as profesionales que deciden ejercer fuera de él, y que en muchos casos se ven abocados/as a renegar y prepararse las oposiciones por las condiciones laborales que, de manera general, son mejores que en el sector privado y donde salen más plazas que en otros sectores públicos. Aquí entraríamos en un debate extenso, pero, claro, no podemos obviar el deseo de vivir mejor, ¡faltaría más! (si bien a veces me sorprende cómo en clave interna se nos olvida el frío que hace fuera).

En cualquier caso, quiero acabar agradeciendo la entrada provocadora del colega de la que, pudiendo discrepar en parte, destaco especialmente la que creo es la moraleja: la necesidad de que los y las profesionales del Trabajo Social exploren, creen y construyan  más allá del Sistema de Servicios Sociales, de quienes tenemos muchísimo que aprender, de eso estoy seguro. Como nos decimos entre colegas en momentos chungos… “hay vida más allá de los Servicios Sociales”, je. ¡vaya si la hay! .

Ánimo

Nacho

Os dejo con Llamando a la Tierra

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¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DE LOS SERVICIOS SOCIALES?

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