Ayer falleció Stephen Hawking. A él dedico esta entrada. Bueno, a él, y a mi padre, también físico (no todo fue en vano, ¿ves?). Y es que la Física es una ciencia que bien podría aplicarse al Trabajo Social. Os pondré varios ejemplos.

La dinámica es la parte de la física que estudia las relaciones entre los movimientos de los cuerpos. En el mundo clásico Aristóteles pensó que el movimiento de un cuerpo se detiene cuando la fuerza que lo empuja deja de actuar. Este tipo de razonamiento no se aleja de lo que usamos algunas/os profesionales para justificar la intervención social que realizamos con una persona o familia. “Si no se hace intervención, nunca evolucionará, no cambiará”.  Bueno, aparte de un poco sobredimensionado, evolucionar… evolucionará, en un sentido u otro, es más: no siempre nuestro estímulo consigue el efecto deseado, sino el contrario (esto ya pertenece a Newton).

Durante siglos se pensó de esta manera hasta que Newton postuló la primera Ley de la dinámica: todo ser permanece en estado de reposo o movimiento uniforme a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas externas. Aplicado a lo nuestro, vendría a demostrar que cualquier fuerza puede hacer variar el movimiento que en sí una persona o familia fuese a tener en una u otra dirección. Las fuerzas que actúan sobre cada persona-familia-sistema, en el plano humano y social, pueden llegar a ser casi infinitas ( si bien Newton sólo se refería a las externas, claro). Hay parámetros de todo tipo: de entorno, del pasado, de lo aprendido, lo biológico, etc. Una de esas fuerzas actuantes, puede ser la profesional o institucional, pero seamos claros: sólo somos una más de ellas, tampoco podemos arroparnos del poder del cambio: la gente solo cambia cuando ha llegado el momento, existen los condicionantes y la motivación para ello. Sin motivación, los medios pueden no sólo ser ineficaces, sino hasta perjudiciales.  

Con su segunda ley, Newton indica que el cambio de movimiento es directamente proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre en la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime. Vaya… razón de más para medir las fuerzas, compañeros/as, o más bien para dejar que sea la persona la que se mueva e ir implementando una u otra según exista necesidad durante el proceso de acompañamiento. Aún recuerdo un caso en la que la TS -con buena voluntad, sin duda- se empeñó en poner todo el “pack de mayores” (SAD -serv de ayuda a domicilio- + Teleasistencia + C. de Día) a un familiar: con alzheimer avanzado, ese “pack” causó el caos más absoluto en el servicio de teleasistencia, a quienes llamaba continuamente, o perdía los dispositivos día sí y día también) y, en mi opinión,  precipitó un deterioro mayor. Pero no me extenderé con el caso, si bien sirve para visualizar que es preciso medir el tipo de fuerza, e incluso su intensidad y dirección. En esta ley se habla también de la inercia, una fuerza de gran poder, incluso en quienes promovemos el cambio. Curioso, ¿no?

 

La tercera Ley de Newton es aún más importante si cabe para el sector: toda fuerza genera otra igual y en sentido opuesto.  Este principio podría llevarnos a grandes reflexiones, sobre qué impacto tienen nuestras actuaciones, visitas, entrevistas, etc. Deberíamos pensar más en la reacción que producimos y en que siempre estaremos generando fuerzas opuestas (como el caso que he citado); ¿sabríamos identificarlas?. Si bien esta tercera Ley podría invitar al inmovilismo, en nuestro campo vendría a ser un toque de atención para la reflexión: no os preocupéis, la segunda ley garantiza que el movimiento pueda producirse.   

No quisiera acabar sin referirme (mecánica cuántica) al principio de incertidumbre) de Heisenberg  que establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes sean conocidas con precisión: la mera presencia del observador ya altera el sistema y la interacción entre esas variables. Esto me lleva a pensar que, desde el momento en el que la persona llama o contacta con el Centro, intervenimos. No es preciso elaborar un DIS (Diseño de Intervención Social), queramos o no, la intervención ya comenzó un tiempo antes.  

Un último apunte a la muerte de Hawking: un genio que revolucionó nuestra concepción del Universo. Se escribirán ríos de tinta sobre todos sus descubrimientos y trabajos científicos, pero yo me quedaré con su afán de superación, de ir más a allá. Una frase que destaco, sobre su humanidad: “Sin la imperfección, ni tú ni yo existiríamos”.

Ánimo, colegas.

Nacho

Me viene al pelo: Una décima de segundo (Antonio Vega)… ” la física es un placer”

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LA FÍSICA Y EL TRABAJO SOCIAL

10 thoughts on “LA FÍSICA Y EL TRABAJO SOCIAL

  • Pingback: TERMODINÁMICA Y TRABAJO SOCIAL - Pasión por el trabajo social

  • 21/03/2018 a las 15:40
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    Estupenda reflexión…
    Para la próxima nos hablas de la ley de la relatividad y de “los agujeros negros”.
    Estaría bien, verdad?

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    • 22/03/2018 a las 09:17
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      Uhmmm muy interesante… te compro la idea, déjame masticarla. jeje Gracias por seguir, por comentar… un abrazo!

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  • 16/03/2018 a las 20:57
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    Excelentes conexiones, me quedo con la tercera ley para tenerla en cuenta y, o bien neutralizarla o aprovecharla para dar un nuevo impulso desde la adaptación al incorporar esa distinción.

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    • 17/03/2018 a las 18:54
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      Muchas gracias por comentar! me alegro de que te pueda servir para algo. Un saludo

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  • 15/03/2018 a las 18:13
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    Muy ilustrativo, ayuda a reflexionar sobre la intervención social y nuestro papel como agentes de cambio. También muestra la complejidad de esta profesion. Te felicito

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  • 15/03/2018 a las 07:18
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    Qué original Nacho! Hoy se la pongo de tarea a la alumna de prácticas para que se la lea y comentemos. Gracias

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    • 15/03/2018 a las 08:14
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      Genial! Genial por seguir, por comentar, por tener alumna… ya me contarás. En definitiva, creo que ciencias y humanidades están más conectadas de lo que a veces creemos aunque a veces “nos rechacemos”. Un abrazote.

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